“After the Dark. The Philosophers.” (John Huddles, 2013)

Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo.
Benjamin Franklin

Ya sabemos la influencia que puede llegar a tener un docente en una clase. Recordemos, sin ir más lejos, al profesor de literatura John Keating interpretado por el ya fallecido Robin Williams en “El club de los poetas muertos” o a Rainer Wenger interpretado por Jürgen Vogel en “La ola“. Pero, ¿qué pasaría si ese profesor impartiese filosofía..? La respuesta la tenemos en “After the Dark. The Philosophers“, escrita y dirigida por el cineasta John Huddles.

Parada de imagen. "¿La puntualidad no es la virtud de los solitarios?"

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“¿La puntualidad no es la virtud de los solitarios?”

A través de un planteamiento inicial, que dura aproximadamente diez minutos en el filme, cumpliendo rigurosamente con la estructura aristotélica de un guión, se nos cuestiona la hipótesis que pretende desarrollar el profesor Mr. Zimit en su última clase antes de dar cierre al curso que permite a sus alumnos de Jakarta ingresar en la universidad, a saber, un experimento mental donde cada alumno interpretará a un personaje con vistas a encarar una toma de decisiones frente a un cataclismo mortal que asola a la Tierra.

La clase consiste en un juego de lógica que pretende ampliar al máximo posible la mente y aplicar las lecciones que han aprendido durante el curso como el teorema del mono infinito, según el cual a lo largo del in extenso infinito en algún momento y de forma totalmente aleatoria todos los eventos tienen una probabilidad real de producirse, incluso que un mono reprodujera en una máquina de escribir la obra de Hamlet, palabra por palabra.(1El dilema del tranvía, que plantea a un individuo la posibilidad de salvar a un grupo de personas aún asesinando

Parada de imagen

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a otro menor. (2)  La paradoja de la ignorancia , que consiste en poner a prueba las creencias para comprobar su fiabilidad; y plantea si, tras hacerlo, y haber resultado negativo el individuo no hubiera preferido quedar recluido en la ignorancia. O el mito de la caverna de Platón, que ponía de manifiesto la locura de tomar sombras de realidad por realidad. (4) Y que formaba parte de La República, obra en la que el filósofo planteaba cómo crear un Estado ideal desde cero.

El profesor introducirá a sus alumnos en espacios imaginarios siempre con una premisa: escoger entre todos a las diez personas más acertadas que caben de los 21 que son en un búnker (de meter más, todos morirían por hipoxia) con vistas a salvaguardar la especie humana. Los criterios se irán desvelando a lo largo de la película, y recombinándose entre sí: según el sexo, la profesión y un rasgo de personalidad. De este modo, supuestas profesiones de los personajes como un agricultor, una gestora de inversiones, un carpintero, una ingeniera de estructuras, una diseñadora de moda, un arpista, un poeta, un agente inmobiliario, un fabricante de helados etc.; junto con circunstancias personales como ser posible portadora del virus del ébola, tener millones en diamantes, oro, zafiro, escribir un blog, hablar siete idiomas etc.; más el hecho de ser hombre o mujer compiten con el razonamiento lógico en un afán de formar parte del búnker, y con un comodín, que supone ser el profesor; del que nada se sabe lo que aportaría su incursión en él.

Parada de imagen

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Se trata de un ingenioso experimento que introduce de lleno a su espectador, en tanto que participante voyeur que afirma o refuta la lógica que van siguiendo sus personajes en este juego de rol que de alguna manera recuerda a películas como “La habitación de Fermat” (Sopeña y Piedrahita, 2007).

Con un tinte estético realmente favorecedor, gracias a la fotografía del filme, y alguna que otra nota irónica, como la que propone Huddles casi bromeando con la bajísima consideración que Platón tenía a los poetas, y que convierte su gag personal en una especie de canovaccio en las distintas simulaciones; junto con una narrativa en paralelo que ilustra la realidad de la clase a la par de lo que se imaginan, la película supone ser una buena manera de aprender a mirar la naturaleza del hombre enjuiciando con bonanza sus acciones y de encender una luz intermitente en la mente del que la visiona. Y es que… ¿Por qué es mejor morir: por amor, por soberbia o por aceptación de nuestra propia imperfección? ¡Ah! Y otra cosa más… ¿Acaso hay amores que, sin querer, matan?

Apocalipsis: descubrir lo que no podías ver antes. Salir de la oscuridad.

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